TOBILLOS
Los esguinces de tobillo son las lesiones más habituales en el fútbol. Aunque quizás no se consiga impedir un primer esguince de tobillo, sí se pueden tomar precauciones para evitar sufrir más.
Los esguinces de tobillo presentan normalmente una misma pauta. La mayoría se producen cuando la planta del pie se flexiona hasta dañar los ligamentos de la parte exterior del tobillo, por ejemplo en un choque contra un pequeño saliente dentro del campo o con el pie de otro futbolista al correr o caerse. Un mecanismo típico en el fútbol es una entrada en la que un jugador golpea la parte interior de la pierna del adversario y provoca que el pie de este se flexione.
Existen además factores de riesgo personales, como la fortaleza del tobillo, la amplitud de movimiento y el control que se tiene sobre los movimientos. Estos factores de riesgo pueden mejorarse mediante ejercicios específicos.
Un factor de riesgo importante es haber sufrido ya una lesión de tobillo. Un aparato ortopédico semirrígido o de suspensión ayuda a impedir que la distensión empeore, y debe llevarse durante varios meses. Además, se puede realizar un entrenamiento de equilibrio suplementario utilizando discos de tobillo o un rola bola.
La mayoría de los futbolistas consideran el esguince de tobillo una molestia, pero es necesario proteger el tobillo para que no vuelva a lesionarse.
Síntomas y signos de esguinces de tobillo:
- Hinchazón: a los pocos minutos o paulatinamente, a lo largo de varias horas.
- Dolor al intentar mover el tobillo y al caminar.
- Agarrotamiento e incapacidad de poner todo el peso del cuerpo sobre el pie.
Primeros auxilios
Aplicar al tobillo lesionado el protocolo de protección, descanso, hielo, compresión y elevación.
RODILLAS
La lesión de rodilla más temida es el desgarro del ligamento cruzado anterior (LCA). Pero cualquier lesión de rodilla puede mantenerte apartado de los terrenos de juego o causar problemas a largo plazo.
La rodilla es, junto con el tobillo, una de las articulaciones que los jugadores de fútbol se lesionan con más frecuencia. Los impactos directos (por entradas o por golpes) o indirectos (giros, torceduras) pueden afectar a ligamentos (particularmente al ligamento cruzado anterior), tendones o cartílagos.
El LCA es uno de los principales ligamentos estabilizadores de la articulación de la rodilla que impide el movimiento excesivo de la parte inferior de la pierna respecto a la superior. El 70% de todas las lesiones de LCA ocurren sin contacto con otro jugador. Los lances del fútbol que más lesiones de este tipo provocan son las pisadas de frenado después de una carrera, los cambios súbitos de dirección, los aterrizajes con la rodilla y la cadera extendidas, o los lapsus de concentración.
Si te desgarras el LCA, podrías perderte entre seis y nueve meses de competición como resultado de la lesión. En cerca de los dos tercios de todos los desgarros completos de LCA también se producen daños en otras estructuras de la rodilla. Los desgarros completos de LCA frecuentemente acarrean problemas a largo plazo, entre ellos la inestabilidad de la rodilla y la aparición temprana de artrosis en dicha articulación, un trastorno normal entre las personas mayores como consecuencia del envejecimiento.
Síntomas
- Chasquido o crujido de la rodilla en el momento de la lesión.
- Dolor, hinchazón, incapacidad para enderezar completamente la rodilla.
- Incapacidad para hacer esfuerzo con la rodilla, que da la sensación de estar suelta o inestable.
Primeros auxilios
Aplicar a la rodilla lesionada el protocolo de protección, reposo, hielo, compresión, y elevación.
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